20 dic. 2011

"El rey ciego (2 de 5)" (relato)

Los magos de Kalion, ignorantes y ambiciosos, propusieron al confuso rey asesinar al niño para evitar que los duendes pudieran venir a buscarlo, pero Kalion no tenía tan negro el corazón y decidió hacer frente al porvenir. Llegó un mensajero de las aldeas de las montañas con malas y extrañas noticias: volvía a haber movimiento, inexistente durante los últimos dos siglos, más allá de las montañas, donde el bosque se funde con los pantanos. El mensajero advirtió al rey de las numerosas columnas de humo que se habían visto salir del bosque, y del constante ruido de armas al chocar, y de los monstruosos gritos y espeluznantes alaridos que escuchaban por las noches, y que ponían los pelos de punta a los aldeanos. Sin duda, los duendes rojos volvían a estar activos, y tramaban algo. Kalion no tenía duda acerca de sus intenciones, así que mandó una avanzadilla de soldados hacia las montañas, para que vigilaran todo movimiento, y con el mensaje de recomendar a los habitantes de aquellas aldeas que fueran a la ciudad a protegerse. A su vez, dio órdenes de que se preparara el gran ejército de Zilabon. Incluso pensó en mandar emisarios a los reinos colindantes, aunque sabía que sería en balde pues eran reinos muy lejanos y la batalla, de tener lugar, comenzaría –y probablemente acabaría– mucho antes de poder recibir ayuda alguna.

Los días fueron pasando y los peores presagios se iban confirmando. Los duendes rojos habían formado un ejército numeroso y se disponían a avanzar hacia el corazón de Zilabon, hacia la ciudad, donde se encontraba el pobre bebé ciego. Kalion había plantado el grosor de sus tropas a las afueras de la ciudad, y dio la orden de avanzar hacia el enemigo.

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continuará...

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